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Cuánto cuesta una página web en Argentina (2026)
Rangos reales de precio para landing, sitio institucional, catálogo y aplicación web en Argentina en 2026: qué sube el número, costos que se olvidan y qué no conviene pagar.

Guía de capítulos 9 capítulos
01 / 2026
¿Cuánto cuesta una página web en Argentina en 2026?
En Argentina, en 2026, una página web profesional suele cotizarse en rangos de cientos de miles a varios millones de pesos según el tipo: una landing de una sola conversión cuesta menos que un sitio institucional con varias secciones; un catálogo con stock o precios actualizables sube otra vez; una aplicación web con usuarios, roles o integraciones ya es otro proyecto. No hay un precio único honesto: hay un tipo de entregable, un alcance escrito y una vigencia de la cotización.
Si estás comparando presupuestos de freelancers y estudios chicos — el tipo de resultados que aparecen al buscar este tema en Google — el error más común es mirar solo el total. Dos “sitios institucionales” pueden ser una plantilla retocada con textos genéricos o un sistema con CMS, formularios, medición y copy real. El número sin el desglose no sirve.
En inflación, un precio “fijo” sin vigencia es un número de marketing, no un compromiso operativo.
En 4etverg — estudio web SOLO en Buenos Aires, no una agencia de marketing — armamos sitios y productos digitales para PyMEs argentinas. Esta guía es la conversación que tendríamos antes de cotizar: rangos, variables y lo que no conviene pagar. Si además del sitio estás armando el canal completo, leé también la guía de identidad digital para un negocio en Argentina.
02 / ARS 2026
Rangos por tipo de sitio (no un precio mágico)
Los rangos de abajo son órdenes de magnitud en pesos argentinos para proyectos de freelancers y estudios chicos en 2026, no tarifas de 4etverg ni promesas de lista. Se mueven con el dólar, con la carga de trabajo del proveedor y con lo que vos traés listo. Usalos para ubicar la conversación, no para pelear un centavo.
- Landing page (1–3 secciones, un objetivo claro) — rango más bajo del mercado profesional: desde el orden de los cientos de miles de pesos hasta la zona baja de los millones, según diseño, copy y si hay animaciones o integraciones (formulario a CRM, pixel, WhatsApp con parámetros). Sirve cuando el mensaje ya está claro y el tráfico viene de un canal concreto (ads, Instagram, campaña).
- Sitio institucional (varias páginas: servicios, equipo, contacto, FAQ) — suele trepar al rango de cientos de miles altos a varios millones. Sube con cantidad de páginas, multiidioma, blog, y con quién escribe los textos. Es el “sitio de la empresa” que un cliente busca después de verte en Maps o en una recomendación.
- Sitio con catálogo o menú digital — más alto otra vez: productos, fotos, categorías, precios que cambian, y a veces pedidos por WhatsApp. En gastronomía o comercios de barrio, un catálogo vivo importa más que un hero lindo. Productos como Platario (carta digital QR) o verticales tipo Mi Verdulería / Mi Carnicería existen porque el patrón se repite; no es lo mismo que un ERP.
- Aplicación web (login, roles, paneles, lógica de negocio) — sale del presupuesto de “página web” y entra en desarrollo de producto. El rango ya se mide en meses de trabajo y suele cotizarse en dólares o por etapas. Si tu problema es un flujo operativo, no un brochure, pedí alcance de producto, no de landing.
Estos rangos se solapan a propósito. Un freelancer puede entregar una landing excelente por menos de lo que un estudio cobra por la misma idea con más proceso; un “barato” puede incluir cero textos y dejarte el 70% del trabajo. Por eso la pregunta útil no es “¿cuánto sale una web?” sino “¿cuánto sale esta web, con este alcance, en esta vigencia?”.
03 / Variables
Qué hace que el número suba de verdad
Casi todo el mundo mira el diseño. En la práctica, el costo se mueve por cosas menos glamorosas:
- Contenido — quién escribe los textos, quién saca fotos, quién define servicios y precios. Si el estudio tiene que inventar el mensaje, pagás investigación y copy, no solo maquetación.
- Cantidad de páginas y plantillas — cada tipo de página (home, servicio, caso, legal, blog) suma diseño, desarrollo y QA en celular.
- Integraciones — formularios a email o CRM, WhatsApp con datos, pagos, mapas, analytics, chatbots. Cada conector es un borde que puede romperse.
- Catálogo y datos vivos — si los precios cambian con inflación, alguien tiene que poder editarlos sin llamar al desarrollador cada semana.
- Idiomas y accesos — multiidioma, roles de edición, aprobación de contenido.
- Performance y SEO técnico básico — no es “posicionarte en el 1” de la noche a la mañana; es que el sitio sea crawlable, rápido y con metadatos sanos. El SEO de contenidos es otro trabajo.
- Revisiones y tiempos — “ilimitadas” en el discurso suelen traducirse en proyectos eternos o en un precio inflado de entrada.
Un truco de mercado: presupuestos bajos que asumen que vos entregás todos los textos, logos en alta, fotos y un mapa de páginas en 48 horas. Si no podés, el precio real se duplica en cambios o el sitio sale con lorem ipsum disfrazado de marketing.
El texto honesto de tus servicios suele costar más tiempo (y más valor) que elegir entre dos tipografías.
04 / Después del lanzamiento
Dominio, hosting, mantenimiento y cambios: lo que se olvida
El presupuesto del “armar la web” es solo la mitad de la conversación. Un sitio vivo tiene costos recurrentes que no aparecen en el flyer del freelancer:
- Dominio — renovación anual; el precio depende del TLD (.com.ar, .com, etc.) y del registrador.
- Hosting / plataforma — desde hosting compartido barato hasta plataformas estáticas o VPS. Lo barato puede estar bien para una landing; un catálogo con tráfico y backups serios pide otra cosa.
- Correo del dominio — no es lo mismo que el hosting web; a veces va por Google Workspace, Microsoft 365 u otro proveedor.
- Certificado SSL — hoy suele venir incluido; confirmalo igual.
- Mantenimiento — actualizaciones de seguridad, plugins, dependencias, monitoreo de caídas.
- Cambios de contenido — cada pedido de “¿me cambiás este banner?” es tiempo. O aprendés a editarlo vos, o pagás bolsa de horas.
- Medición — analytics bien configurado (y con consentimiento si aplica) no es magia gratis eterna: alguien lo configura y lo revisa.
Pedí que el presupuesto separe proyecto (una vez) de operación (mensual o anual). Si te venden “web + posicionamiento + redes + community” en un combo opaco, estás comprando un paquete de agencia — y en 4etverg no hacemos ese modelo: no somos agencia de marketing ni armamos ERPs.
Y el escenario que más duele: nadie toca el sitio durante dos años. Pasa todo el tiempo. El dominio se renueva (o no, y alguien registra el .com parecido). El hosting queda en un plan viejo sin backups. Los plugins o dependencias acumulan agujeros de seguridad. Los precios en la web quedaron en pesos de otra era y el cliente que entra piensa que cerraste o que no sabés lo que cobrás. El teléfono del footer es de una línea que ya no contestás. Google ve un sitio abandonado; el visitante también.
“Mantenimiento” no es un impuesto abstracto: es alguien que actualiza, mira si el formulario sigue llegando, si el certificado no expiró, si el WhatsApp del botón es el actual. Podés hacerlo vos si el sitio es simple y te entrenaron; podés pagar una bolsa de horas chica; o podés no hacer nada y, a los dos años, cotizar un “arreglo” que parece un rediseño porque la base se pudrió. El costo de no tocar nada no es cero: se paga de golpe cuando el sitio deja de ser usable o confiable.
Antes de firmar, preguntá: ¿quién renueva el dominio y con qué tarjeta? ¿Dónde están los backups? ¿Cuánto sale un cambio de texto de una página? ¿Qué pasa si en seis meses cambiás de rubro o de zona? Si la respuesta es un gesto vago, el número lindo del proyecto te está escondiendo la operación.
05 / Argentina
Cómo mirar precios cuando el peso se mueve
En Argentina no tiene sentido fingir que un número de lista de precios de internet “vale” tres meses. Las cotizaciones serias traen vigencia corta (días o pocas semanas) o se expresan en una unidad más estable (dólar, a veces UVA u otra referencia explícita). Eso no es avivada: es contabilidad.
Qué hacer como cliente: (1) pedí la fecha de validez; (2) preguntá contra qué se actualiza si el proyecto se demora por tu lado o por el de ellos; (3) no compares un presupuesto de enero con uno de agosto sin ajustar; (4) desconfià de quien te clava un precio “cerrado para siempre” en pesos sin condiciones. Para catálogos de productos con precios que cambian, el problema se parece al de cualquier negocio que vende online: necesitás una fuente de verdad, no cinco PDFs viejos — lo desarrollamos en la nota de precios en inflación.
06 / Tu parte
Qué tiene que aportar el cliente (si no, pagás más o sale mal)
Una web no se “recibe” como un electrodoméstico. Aunque contrates un estudio completo, hay insumos que solo el negocio puede dar:
- A quién le vendés y qué problema resolvés (una página de texto alcanza para arrancar).
- Lista de servicios o productos reales, no slogans.
- Zona de atención, horarios, formas de contacto que alguien responde (WhatsApp +54 9 11… no un número fantasma).
- Fotos del real: local, equipo, trabajos. El stock genérico se nota.
- Accesos a dominio, hosting o ficha de Google si hay que conectar piezas.
- Tiempos de feedback. Si tardás tres semanas en cada revisión, el proyecto se estira y el precio en pesos se desactualiza.
Si todavía no sabés si necesitás web o “alcanza con Instagram”, parà el presupuesto y leé si necesitás página web teniendo Instagram. Cotizar a ciegas es la forma más cara de descubrir que pediste el entregable equivocado.
Lo que casi nadie te dice en la cotización: la demora más cara suele ser la tuya. No por maldad: porque el negocio sigue operando y “mandar los textos” nunca es prioritario. Mientras tanto el peso se mueve, el desarrollador agenda otros proyectos y el precio que miraste en la planilla deja de ser el de hoy. Si no hay una persona del lado del cliente con poder de decisión (no un comité eterno de “lo vemos la semana que viene”), el proyecto se convierte en un chat infinito de “casi listo”.
Lista concreta de insumos que, si faltan, se transforman en costo real — plata o tiempo, que en Argentina es lo mismo:
- Textos — servicios reales, cómo trabajás, qué no hacés, zona, FAQs que ya contestás por WhatsApp. Sin eso, alguien inventa o deja lorem; las dos opciones salen caras después.
- Fotos — local, equipo, trabajos terminados. El banco de imágenes genérico de “oficina sonriente” no vende un rubro de barrio.
- Logo y marca en formatos usables — no un JPEG recortado de Instagram a 400 px. Si no hay logo, decidilo antes o aceptá un wordmark simple; rediseñar marca a mitad de obra infla todo.
- Accesos — dominio, hosting, DNS, ficha de Google, correos. Si “el primo tiene la contraseña” y está de viaje, el deploy se traba y el estudio no puede magia.
- Alguien que decida — un dueño o responsable con horario de respuesta. Cinco socios que “tienen que verlo” es la forma más elegante de multiplicar revisiones y reescribir el mismo hero tres veces.
Cuando el cliente no aporta, pasan tres cosas feas: (1) el estudio rellena con genéricos y el sitio no suena a tu negocio; (2) se abren “cambios de alcance” porque recién en la revisión ves que faltaba medio catálogo; (3) el calendario se estira y, con inflación, el mismo entregable ya no vale el mismo peso. Por eso un buen presupuesto deja por escrito qué traés vos, en qué plazo, y qué pasa si no llega.
Si no podés nombrar quién manda los textos y en qué fecha, no tenés un proyecto web: tenés una intención.
07 / Límites
Qué no deberías pagar (aunque te lo vendan)
Hay ítems que aparecen en presupuestos de la SERP de “cuánto cuesta una página web” y que conviene rechazar o bajar de prioridad:
- SEO mágico garantizado “primer lugar en 30 días” — nadie serio controla el ranking de Google de punta a punta. Podés pagar SEO técnico y contenidos; no un milagro.
- Paquetes de reseñas o backlinks comprados — riesgo de penalización y olor a estafa.
- Rediseño cada seis meses “porque sí” — si el mensaje es el mismo, iterá conversiones y contenidos, no el logo animado.
- Funciones de ERP disfrazadas de web — stock multicdepósito, facturación electrónica compleja, RRHH. Eso no es una página web; es otro producto. 4etverg no construye ERPs.
- CMS hipercomplejo para un sitio de cinco páginas — a veces un sitio estático o un editor simple es más barato de mantener.
- Copy vacío con “somos apasionados…” — si el presupuesto incluye textos genéricos, pedí reescribir o traé los tuyos. Una web sin sustancia no convierte.
Si tu presupuesto real no alcanza para un sitio bien hecho con textos claros, contacto que responde y un mínimo de calidad técnica, no “inviertas igual” en una web barata que vas a tirar en un año. Usá ese dinero en Google Business Profile, buenas fotos y un WhatsApp Business prolijo, y volvé al sitio cuando puedas sostenerlo. Preferimos perder esa venta a cobrarte un adorno.
Una web mediocre no es “presencia”: es un activo que enseña al cliente a no confiar.
Más concreto, porque “no pagues humo” solo no alcanza. En la práctica, estas líneas del presupuesto suelen ser plata mal gastada para un negocio chico o mediano en Argentina:
- Animaciones caras sin conversión — parallax, loaders de cinco segundos, video de fondo en 4K en la home. Se ven en la demo del diseñador; en el 3G del bondi matan la paciencia y no suman un WhatsApp.
- “App” nativa cuando alcanza una web bien hecha — salvo que tengas un caso de uso real (pedidos offline, hardware, uso intensivo de personal). Publicar en stores no es prestigio: es costo de mantenimiento y rechazo de Apple.
- Multiidioma el día uno si solo atendés CABA en español. Traducir mal es peor que no traducir. Sumalo cuando haya demanda real.
- Integraciones de moda — chatbot con IA mal entrenado, CRM que nadie abre, pixel de seis plataformas “por si acaso”. Cada integración es un punto de falla y una factura más.
- Stock photography premium y banco de iconos infinito para un sitio de cinco páginas. Mejor tres fotos reales del local.
- Panel de administración hipercomplejo para editar un teléfono y un horario. Si el cambio es mensual, un sitio simple + un mensaje al estudio sale menos que capacitar a media oficina en un CMS monstruo.
- Garantías de ranking o de leads empaquetadas con la web. Si el estudio no controla tu respuesta al WhatsApp ni tu operación, no puede garantizar ventas. Está vendiendo ansiedad.
También desconfià del “todo incluido por un número redondo” sin horas, sin cantidad de revisiones y sin dueño del código. Ese paquete es rentable para quien lo vende porque el alcance se recorta en silencio: menos páginas, textos genéricos, sin capacitación, hosting en un rincón que no controlás. Lo barato deja de ser barato cuando no podés irte con tu dominio y tu contenido.
08 / Comparación
Cómo comparar presupuestos sin marearte
- Pedí el mismo brief a todos: objetivo, páginas, integraciones, quién escribe, plazos, revisiones incluidas.
- Exigí desglose: diseño, desarrollo, contenidos, SEO técnico, carga inicial, capacitación.
- Preguntá dueño del código y del dominio: ¿podés irte con tu sitio si cortás la relación?
- Pedí ejemplos reales del mismo tipo de proyecto (no solo un portfolio lindo de otra industria).
- Aclarà soporte post-lanzamiento y costo de cambios chicos.
- Mirà vigencia del precio y moneda.
Un estudio chico en Buenos Aires puede ser mejor que un “paquete nacional” opaco si te habla en claro y te entrega algo que vos podés operar. La pregunta no es si es freelance o estudio: es si el alcance está escrito y si el canal de clientes queda cerrado (web + contacto + datos consistentes). Eso es parte de una identidad digital seria, no de un slide de marketing.
Cómo leer un presupuesto de verdad — no la versión de LinkedIn:
Un desglose justo suele mostrar, como mínimo: (1) descubrimiento o definición de alcance; (2) diseño de páginas tipo; (3) desarrollo o maquetación; (4) carga de contenidos (y si los escribís vos o ellos); (5) SEO técnico básico (títulos, sitemap, performance razonable); (6) QA en celular; (7) puesta en marcha; (8) capacitación o handoff; (9) soporte post-lanzamiento con plazo y tope de horas. Puede estar en una tabla o en bullets; lo importante es que exista. Un solo número sin detalle es una apuesta, no una cotización.
Mirà también las exclusiones. Un presupuesto serio dice qué no incluye: fotografía profesional, redacción de blog mensual, pauta ads, migraciones raras, integraciones con sistemas viejos. Si no hay exclusiones, o son generosos de más, o van a pelear cada cambio. Preferí el que te marca el límite con claridad: es el que después no te sorprende con “eso era extra”.
Compará manzanas con manzanas: si uno incluye copy y fotos y el otro asume que vos entregás todo en una carpeta Drive, el más barato no es más barato. Sumá tu tiempo a precio de lo que dejás de vender. Y pedí vigencia e índice: en Argentina, “precio cerrado” sin fecha ni referencia (dólar, UVA u otro criterio escrito) es un número decorativo. Los rangos se mueven; indexá la conversación a una unidad estable, no a un screenshot de hace tres meses.
El mejor presupuesto no es el más bajo: es el que te deja ver qué estás comprando y qué pasa si el proyecto se tuerce.
09 / 4etverg
Cómo encaramos el precio en 4etverg
No publicamos una lista fija de “web en X pesos” porque miente a la semana. Trabajamos por alcance: landing, sitio de negocio, catálogo o aplicación web. Arrancamos por el mensaje y el canal (a veces Google y WhatsApp importan más que el hero). Shippeamos algo usable; no te vendemos un ERP ni una agencia de pauta.
Si querés una idea de orden de magnitud para tu caso, escribinos por WhatsApp al +54 9 11 4188-4660 con: rubro, si ya tenés dominio/ficha de Google, qué tiene que pasar cuando alguien entra (llamada, WhatsApp, turno) y si los precios cambian seguido. Con eso se puede hablar de un rango honesto. También podés ver cómo trabajamos en servicios.